Alas de la espesura

Alas de la espesura

En el rincón más sombrío del bosque, donde la luz del sol no se atreve a entrar como un torrente sino como un secreto, habitan los helechos. Son los guardianes del silencio verde, encajes antiguos tallados en el aire húmedo que desafían el paso del tiempo con su geometría perfecta. Los helechos arbóreos son reliquias del pasado. Surgieron hace 300 millones de años y algunos compartieron tiempo y espacio con cícadas y coníferas en el Jurásico. Un bosque o un jardín con estos helechos evoca la atmósfera de esos lugares y tiempos remotos. 

Fotografiar un helecho es capturar la arquitectura de la paciencia. Cada fronda es una partitura visual, una sucesión de líneas que se repiten en un eco infinito de fractales. Al mirar a través del visor, el mundo exterior se apaga. El fotógrafo no busca el estallido estridente del color de las flores, sino la sutileza de los matices. Hay un universo entero en el degradado que va desde el verde tierno del brote que se desenrosca —como un puño de niño que se abre al mundo— hasta el verde profundo y cargado de musgo de las hojas más viejas.

Hasta Charles Darwin, el padre de la Teoría de la Evolución, se declaró impresionado por su majestuosidad y el verde brillante de sus magníficas y elegantes frondas. Tras mis viajes a las islas de Sao Miguel (Azores) y Madeira no puedo estar más de acuerdo con Darwin.

Content © Pablo Lópezcreado en Bluekea